miércoles, 20 de abril de 2016

TIPOS DE ALCOHOLICOS

En líneas generales, así como hay dos caminos que conducen al alcoholismo, hay también dos tipos de alcohólicos. Pero como, al final, los dos caminos se encuentran, hay un tercer tipo de alcohólicos que es la síntesis de los dos anteriores y que constituye el último grado del alcoholismo.
El alcohólico del primer grupo es el que empieza a beber por motivos psicológicos personales. Este sujeto no necesita beber todos los días y, naturalmente, cuando le decimos que es alcohólico, pone el grito en el cielo y dice que él no lo es porque se puede pasar días y días sin beber. Esto es cierto. Pero también lo es que hay determinados días en que se ve impulsado a beber aunque no quiera. Este tipo de alcohólico suele ser un alcohólico intermitente o periódico, que habitualmente no bebe, pero que, en cuanto se toma una o dos copas, se descontrola y no puede dejar de beber hasta llegar a la embriaguez completa. A menudo empalma una borrachera con otra y se pasa así unos pocos días, al cabo de los cuales se encuentra al fin «descargado» de sus angustias, deja de beber y reanuda su vida normal.
Este alcohólico intermitente tarda mucho en alcoholizarse.
Tengo que señalar aquí que no es lo mismo ser alcohólico que estar alcoholizado. Ser alcohólico es sentir (siempre o de vez en cuando) una apetencia irreprimible por el alcohol. Estar alcoholizado es sufrir una serie de daños a consecuencia del exceso del alcohol ingerido. El alcohólico intermitente, como he dicho, tarda en alcoholizarse. Cierto es que coge unas borracheras terribles, pero también es cierto que luego se pasa días y días sin catar una gota de alcohol, gracias a lo cual su organismo se limpia, se depura y se mantiene en buena forma. En cambio, lo corriente es que este tipo de alcohólico sufra graves complicaciones sociales; que deje el trabajo o que lo echen, que cometa robos, crímenes u otros delitos y que por tanto, acabe en la cárcel. El alcohólico del segundo grupo es el que empieza a beber por alternar. Este sujeto no se suele emborrachar nunca o casi nunca. Al beber todos los días desde niño o desde joven, su organismo se acostumbra al alcohol y lo necesita, pero, al mismo tiempo, lo aguanta aún en grandes cantidades. Cuando decimos a estos enfermos que son alcohólicos, también ponen, como los anteriores, el grito en el cielo, diciendo que no es posible que ellos sean alcohólicos, porque nunca se han emborrachado. Pero también es cierto que ni un solo día de su vida pueden dejar de beber alcohol. Se me dirá que, según eso, en España hay infinidad de alcohólicos. Y yo responderé que, en efecto, así es. En España, por desgracia, hay infinidad de alcohólicos y, como he dicho, es éste el tipo de alcohólico que más abunda.
El alcohólico que bebe a diario y no se emborracha se alcoholiza pronto. No tarda en encontrarse mal cuando le falta el tóxico, en tener por las mañanas temblores y náuseas que se calman cuando bebe alcohol. Y, con el tiempo, acaba por tener graves lesiones de hígado, impotencia sexual y celos patológicos. Estos enfermos no suelen acabar en la cárcel, como los anteriores, sino en el hospital o en el manicomio. Ahora bien, como he dicho, los dos tipos descritos convergen en un tercer tipo.
El alcohólico que no bebe nunca, pero que cuando bebe se embriaga, acaba por irse embriagando cada vez más a menudo. El que no se embriaga, pero bebe a diario empieza a embriagarse y a embriagarse cada vez más. Y al final, ambos tipos confluyen en un tercer tipo: el alcohólico que bebe todos los días y que se embriaga todos los días. Este es el último grado del alcoholismo y en él se da toda clase de complicaciones a la vez.
Pero hay un detalle muy importante que quiero señalar aquí; una vez que una persona se hace alcohólica -cualquiera que sea el camino que haya seguido- ya ha traspasado una frontera invisible. Ya es alcohólica, ya ha perdido la libertad de beber o no beber. Y a ha perdido las riendas del alcohol. Y a está esclavizada por éste. Por muy distintos que sean sus motivos o sus circunstancias, todos los enfermos tienen en común su enfermedad: todos son alcohólicos.

martes, 5 de abril de 2016

YO SALI DEL ABISMO



La biografía de una persona está llena de sucesos positivos, acontecimientos negativos, de alegrías y tristezas, de esperanzas cumplidas y de expectativas frustradas. En este sentido, llama la atención la gran capacidad de adaptación y el espíritu de superación de los que dispone el ser humano, el llamado de supervivencia al que recurre nuestro instinto para seguir vivos. Sólo a partir de ellos se puede entender que personas que han tenido que habérselas con una vida llena de obstáculos y dificultades, enfermedades, adicciones, divorcios, falta de trabajo, desengaños, humillaciones, acoso, malos tratos, violaciones, etc…. Disfruten después  de una vida productiva y rica en logros personales y sociales.
En realidad, lo que resulta fundamental son las habilidades de supervivencia adquiridas por el ser humano para hacer frente a esta vida tan exigente, estresante, competitiva, que vivimos extremadamente deprisa. Se trata de un conjunto de recursos en el proceso de socialización para salir airoso de las dificultades y resistir las “embestidas” que te da la vida, sin quedar en un mal lugar o mermado en nuestro bienestar social y personal. Estas habilidades de supervivencia van a depender de nuestro nivel cultural, del grado de autoestima, de la forma que adopte más o menos optimista, del sacrificio, asi como del tipo de experiencias habidas, y como muleta fundamental del apoyo de la  familia y una sociedad, en donde todos cabemos y todos debemos hacernos un poquito responsables de colaborar para que cada día sea mejor.
La primera fuerza o necesidad que la persona experimenta, ya desde su adolescencia, es la de encontrar un sentido a su propia vida. La voluntad de placer, de gozar de la vida, no es el objetivo fundamental de la persona, no es la que puede explicar toda la historia de la humanidad y de cada uno en particular. Tampoco la voluntad de afirmarse  y de ser alguien en la sociedad, es la última y más importante tendencia. Lo que en realidad más necesita es encontrar un sentido a su existencia, ubicarse en el mundo del por qué y saber si todo tiene un sentido, o en cambio es solo una promesa que nunca se realizará…El hombre es capaz de vivir, e incluso morir, por sus ideales y principios, pero no puede inventar él mismo estos ideales. No podemos  inventar nosotros el sentido de nuestra vida, si que podemos descubrirlo andando el camino, pero no inventarlo.
La vida no es, pues, un estado de satisfacción, sino una tensión, un conflicto, una lucha para descubrir una solución al problema fundamental, es, esencialmente, esta tensión entre el tedio y el deseo. Experimentar el vacío, la pérdida del sentido de la vida, es lo que constituye la gran angustia y ansiedad mientras este en este mundo…A veces, se quiere huir de esa realidad, y compensarla con el dinero, con el sexo, con el juego, con el alcohol y con las otras drogas, con tener mucho poder, teniendo una actividad frenética… Pero la pregunta existencial: “¿Vale la pena todo ello…?,
El ser humano debe asumir la condición de protagonista debe elegir su propio destino, tiene como prioridad madurar y convertirse en ser soberano y dueño de su futuro, para sacudirse las vivencias a las que ha estado sometido durante su vida, y si cae cien veces, levantarse ciento una, la toma de conciencia, la humildad y saber tomar decisiones y responsabilidades con las obligaciones le hará romper con “la pereza y la cobardía” se fortalecerá y la confianza y fe en sí mismo le llevara al triunfo. “Son pocos los que, por esfuerzo del propio espíritu, logran salir del fango solos, unas veces porque los meten y otras por iniciativa de ellos, sin embargo, con paso seguro, firmeza y pidiendo ayuda se consigue, otros no son capaces de ver más allá de lo que hay, ni de superar el riesgo, desconfían o simplemente no quieren y lo intentan una y otra vez, y terminan en fracasos desoladores, sólo la valentía del querer es el arma más poderosa y válida para enfrentarse a la vida, su obligación es la de pensar por sí mismo frente a las limitaciones de libertad y adversidades  que le planteara su mundo.
   

AVERSIVOS PARA NO BEBER ALCOHOL....PASTILLAS O GOTAS

 Estos medicamentos no hacen ningún efecto en el organismo mientras no se beba alcohol. Pero, si se bebe, entonces se produce un choque terrible y el enfermo se pone a morir. Como se ve, estos medicamentos sirven para suplir la fuerza de voluntad que no tiene el enfermo. Este se toma las pastillas o las gotas, y ya sabe que no puede beber alcohol. Hay que hacer, por tanto, mucho hincapié en que jamás deben darse estos medicamentos sin que lo sepa el propio enfermo. Han de tomarse voluntariamente, en forma plenamente consciente y deliberada. Tomarlos es como estar encerrado en un hospital, porque el que los toma no puede beber alcohol. Pero es estar encerrado sólo en lo que se refiere a la bebida. El enfermo entra y sale, va al trabajo, alterna con sus amigos, frecuenta incluso su bar o tertulia, pero no debe de beber alcohol. Las pastillas o gotas para no beber, como es natural, no entienden si el enfermo ha tenido un gran disgusto que le obliga a beber o una gran alegría que hay que celebrar con vino. Tampoco entiende si es Nochebuena, o la boda de Fulanito, o el bautizo de la hija de Menganito. Estos medicamentos ignoran todas las sutilezas con que el alcohólico pretende engañarse a sí mismo. Para ellos el alcohol es alcohol, vaya servido en forma de sidra, de cerveza, de vino, de vermut, de quina, de jerez, de anís o de vodka. Incluso la pequeña cantidad de alcohol que contiene el vinagre desencadena la terrible reacción. Y es que, naturalmente, el enfermo alcohólico tiene que dejar de beber toda clase de alcohol. Y el que ha tomado estas pastillas o gotas se tiene que aguantar sin beber, por muchas ganas que tenga de hacerlo. Si no las hubiera tomado, a lo mejor se bebía «una cañita sólo», y luego venían otras dieciséis después, más luego vinos, algún vermut y, por fin, bebidas exóticas, ya en plena euforia alcohólica. De modo que, gracias a estos medicamentos, el enfermo se acostumbra a vivir sin beber. Y lo hace en la calle, en el bar, con sus amigos y compañeros, es decir, en el mismísimo escenario de sus triples hazañas alcohólicas. De esta manera se agotan sus reflejos condicionados y se desintegran sus esquemas de conducta alcohólicos. Las pastillas o gotas para no beber son, un par de muletas que te ayudan a andar mientras las piernas cogen fuerza. Al cabo de un plazo de tiempo que determinará el médico, el enfermo podrá dejar de tomar estos medicamentos. Ya habrá recuperado su dominio de sí mismo y podrá vencer, sin ayuda química, la tentación de beber, porque, durante el tiempo que ha estado sin beber, la tentación se ha ido debilitando y su voluntad se ha ido robusteciendo. Si fracasan las pastillas o las gotas para no beber, bien porque el enfermo beba aunque se ponga malo, bien porque el enfermo no sea capaz de hacer ni el mínimo esfuerzo que representa tomar unas pastillas o unas gotas (porque de ese modo, naturalmente, puede beber), entonces hay que empezar el tratamiento del internamiento para cortar de raíz el contacto con el alcohol.

CINE Y ALCOHOLISMO ( PARTE 1ª )

Días sin huella (1945)
Días sin huella es la primera película que trata el tema del alcoholismo con seriedad y rigor. Dirigida por el maestro Billy Wilder en 1945, la cinta resultó ser un retrato realista y sincero sobre el tema de la bebida en el que ni se denigra excesivamente al adicto ni se le convierte en un ser despreciable: Birnam es una víctima de su adicción, una persona débil y mediocre que hace daño involuntariamente a todos aquellos que le rodean. Por primera vez el mundo del cine deja de lado su vertiente más moralizante para intentar explicar la historia de un enfermo, adentrándose en las causas y consecuencias de sus actos. Aquí no hablamos de delincuentes, de gamberros o de maleantes: la enfermedad afecta a personas normales y repercute en sus actos cotidianos.
Días de vino y rosas (1962)
Tendrían que pasar casi diecisiete años para que desde Hollywood se volviera a tratar el tema del alcoholismo desde un punto de vista serio y dándole una vertiente social. El director Blake Edwards, conocido fundamentalmente por sus comedias, manufactura una maravillosa película en la que se trata un tema nunca visto en las pantallas hasta ese momento: la tendencia latente a adquirir el hábito de beber. La pareja llega al alcohol por vías diferentes: mientras Joe lo hace como consecuencia de un hábito social mal asimilado que se le llega a escapar de las manos, su esposa Kirsten ya tenía tendencias que demostraban que sólo era necesario un empujón para caer en la adicción. Joe tendrá que vivir con su parte de culpabilidad, pero tampoco puede cargar sobre sus espaldas con toda la responsabilidad de un acto en el que también entra la voluntad del otro.
Tallo de hierro (1987)
Tallo de hierro resultó ser el primer intento serio por mostrar el mundo del alcoholismo desde la perspectiva de la pobreza y la desconexión social. Por primera vez, los protagonistas no son ciudadanos de clase media cuya adicción viene motivada por su incapacidad de afrontar las vicisitudes de la vida cotidiana: aquí nos encontramos con unos verdaderos marginados, con vagabundos cuya única razón de ser es la de encontrar unos dólares con los que hacer frente a su necesidad de beber. La película nos muestra cómo en las calles de las grandes ciudades existen esquizofrénicos, pobres, marginados y otras personas que parecen pertenecer a otro plano distinto, a otro mundo que se entremezcla con el nuestro pero que siempre está mediatizado por el alcohol.



El borracho (1987)
Basada en una obra autobiográfica del escritor Charles Bukowski (que ejerció de coguionista de la cinta), la película nos narra la caída a los infiernos de un joven escritor que no le encuentra sentido a nada. El protagonista deambula de bar en bar, no tiene territorio propio, pelea por negarse a pagar la ronda y se permite el lujo de conocer a mujeres depresivas, ya que para él el amor es únicamente una prolongación de sus propias ganas de autodestruirse. Esta película no habla de la marginación, sino de una personalidad compleja y sin rumbo que, a pesar del talento y la genialidad, se resiste a lograr el éxito.

CINE Y ALCOHOLISMO ( PARTE 2ª )

Cuando un hombre ama a una mujer (1994) 
Dirigida en 1994 por el argentino Luis Mandoki, la cinta muestra una interesante perspectiva del problema del alcoholismo: cuando éste se da en el seno de una familia aparentemente feliz y normal. La cinta presenta una reflexión fílmica sobre las relaciones de pareja, defendiendo con valentía y convicción el poder de la comprensión y del sacrificio como soporte en las dificultades. El drama del matrimonio es narrado con sinceridad por un director que, lejos de juzgar, intenta ofrecer personajes humanos que no son capaces de hacer frente a sus problemas cotidianos y que sólo pueden salir a la superficie con la ayuda de los demás. La película le da mucha importancia al sufrimiento que una adicción como esa causa en la unidad familiar. En este sentido, resulta especialmente conmovedor el personaje de la hija mayor, Jess, una niña que debe soportar, a veces heroicamente, el desmoronamiento físico y psíquico de su madre, y los dramáticos esfuerzos de su padrastro por sacarla adelante. Con toda la intención del mundo, el director refleja en la niña el patetismo, el dolor y toda la perplejidad de los hijos ante las crisis familiares de este tipo.



Leaving Las Vegas (1995) 
Leaving Las Vegas está basada en la novela autobiográfica de John O’Brien, un escritor que se suicidó pocos meses antes del estreno de la película. Mike Figgis, guionista y director, ilustra la tragedia del novelista con una vigorosa puesta en escena sin dejar de mostrar el carácter autodestructivo, su adicción al alcohol y el nihilismo que le lleva a matarse literalmente. La película recuerda a Días de vino y rosas, ya que es principalmente un duro drama sobre el alcoholismo, en el que un hombre convulsionado en la dependencia de la bebida intenta parecer coherente cuando lo único que desea es terminar cuando antes, ya que su viaje está más cerca del infierno que de la vida. Es, por ello, tan dura como descorazonadora.

28 días (2000)
28 días es el relato de la lucha de una escritora alcohólica por limpiar su vida y regresar a la sobriedad de una vez por todas. Lo más curioso de la película es que el guión es una mezcla de comedia y drama, lo cual le da a la cinta un tono irregular pero, a la vez, la hace muy asequible para ser trabajada educativamente con alumnos de Educación Secundaria. Aclaremos que el aspecto dramático no está nada mal trazado, ya que en el guión se señalan ciertos puntos interesantes sobre la naturaleza de las adicciones y las variadas razones que las producen. Sobre este tema se profundiza y se hace una interesante reflexión sobre la vida fácil y cómoda de determinados sectores de nuestra población, así como sobre lo fácil que es acceder al alcohol en situaciones cotidianas.



Factótum (2005)
Factótum nos explica la historia de un perdedor que se dedica a escribir sin que ninguna revista o editorial se interese por sus relatos y que, tal vez por ello, cambia de trabajo de un día para otro, aliviando sus penas en el alcohol y en las apuestas y manteniendo relaciones sin futuro con mujeres que conoce en los bares. Ni siquiera la relación con sus padres es buena, en particular con su padre, de ahí que ni siquiera en casa de su familia pueda sentirse cómodo. La película está basada en el libro del mismo título del escritor Charles Bukowski, un alcohólico que reflejó en el protagonista parte de su personalidad. En la cinta también se utilizan pasajes de otras obras suyas como “Lo más importante es saber atravesar el fuego” y “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco”.

DETECTAN LA APARICION TEMPRANA DE UN TIPO DE DEMENCIA RELACIONADA CON EL ALCOHOLISMO

  Expertos en gerontología y geriatría del País Vasco y Navarra han constatado en los últimos años la aparición de un nuevo tipo de demencia en pacientes de entre 55 y 60 años, una edad mucho más temprana de lo habitual a causa del alcoholismo.Según ha informado la Asociación Vasca de Geriatría y Gerontología, esta clase de déficit cognitivo que se denomina "demencia tóxica", se da en pacientes que han abusado del alcohol o de drogas a lo largo de su vida.
La médico geriatra de la Residencia Igurco Orue en Vizcaya, Naiara Fernández, ha indicado que "quizá pueda tener que ver con el cambio cultural que vivió nuestra sociedad en los años 70 y 80 en relación a las drogas y el alcohol, afectando a quienes fueron jóvenes en aquellos años y desarrollaron dependencia a las mismas".
Este tipo de demencia presenta el cuadro típico de trastornos conductuales en los pacientes afectados como pérdida de memoria, problemas motores y de personalidad, agitación o agresividad, si bien en estos casos aparecen agravados. 

XII CONGRESO DE ZAHARTZAROA :La demencia tóxica, así como las formas de abordarla por parte de los profesionales, será uno de los aspectos destacados del taller 'Abordaje no farmacológico de los trastornos conductuales de los mayores', que se desarrollará dentro del XII Congreso de Zahartzaroa, entre el jueves y el sábado en el Palacio Europa de Vitoria.De esta forma, aunque el desarrollo de este tipo de demencia es todavía pequeño, los expertos aseguran que se da cada vez con más frecuencia, y en un futuro próximo será un tipo de demencia extendido en las residencias de ancianos y unidades socio-sanitarias para personas mayores.Entre las pautas de actuación a seguir, según ha detallado la doctora Fernández, el cuidador debe tener especial cuando interactúan directamente con los afectados. El abordaje no farmacológico es el primer escalón terapéutico para los afectados y está orientado a mejorar la calidad de vida de los pacientes. También resulta primordial la detección precoz de las alteraciones de conducta para una intervención temprana.

TESTIMONIO DE UNA HIJA


Fui a la fiesta y me acordé de lo que me dijiste. Me pediste que no bebiera alcohol. Por eso, bebí una Sprite. Sentí orgullo de mí misma, tal como me dijiste que sentiría.Me dijiste que no debería beber y conducir, al contrario de lo que algunos amigos me dijeron. Hice una elección saludable y tu consejo fue correcto, como todos los que me das siempre.
Cuando la fiesta finalmente se acabó, la gente empezó a conducir sin estar en condiciones de hacerlo. Fui hasta mi auto con la certeza de que volvería a casa en paz.
Nunca me imaginé lo que me esperaba, mamá. Ahora estoy tirada en la calle y oigo a un policía decir: "El chico que provocó este accidente iba borracho".
Mamá, su voz parece tan distante. Mi sangre está derramada por todos lados y estoy intentando con todas mis fuerzas no llorar.
Puedo oír a los médicos decir: "Esta chica va a morir". Tengo la certeza de que el joven, que conducía a toda velocidad, decidió beber y conducir; y ahora yo tengo que morir.
Por qué las personas hacen esto, mamá? Sabiendo que esto va a arruinar muchas vidas. El dolor me está cortando como un centenar de cuchillos afilados.
Dile a mi hermana que no llore; dile a papá que sea fuerte. Y, cuando vaya al cielo, estaré velando por todos ustedes.
Alguien debería haberle enseñado a aquel chico que está mal beber y conducir.
Tal vez si sus padres se lo hubieran dicho, yo ahora no estaría muriendo.
Mi respiración se está debilitando, cada vez más. Mamá, estos son mis últimos momentos y me siento tan desesperada.
Me gustaría que me pudieras abrazar mamá, mientras estoy tirada aquí muriendo. Me gustaría poder decirte lo mucho que te quiero, mamá. Por eso.. Te quiero... y... adiós..."
Estas palabras fueron escritas por un reportero que presenció este accidente. La joven, mientras moría, iba diciendo estas palabras y el periodista anotaba... muy abrumado. Este periodista empezó esta campaña, si lees esta nota, por favor hace clic en "compartir", así podemos concienciar a más personas. Por eso, te pido un pequeño gesto, envíalo a tus amigos, familiares y seres queridos